FRIO AMANECER

El día está naciendo
poniendo en orden los almanaques.
Aleteos de pájaros de nieve
hacen mas sonoros los silencios,
mientras una espada de frío
deshilacha las anacrónicas ropas
que visten otras estaciones.
Llueve sobre el jardín
ahogando los últimos y desvaídos colores de las flores.
La escarcha, matinal y precisa,
llora con la certidumbre
de saberse barro pajo las pisadas.
Como un correveidile,
el viento deja en los oídos
el frío recado de la furia.
Allá lejos,
el mar,
ha olvidado los silencios
y tose y jadea,
atragantado de espuma.
Tras las ventanas,
los vahos confunden
edificios, árboles, impaciencias.
Yo,
somnoliento y paciente,
pongo mi corazón en cuarentena
y arrebujado en silencios,
dudo entre el hastío y la esperanza.

